Guerra entre Rusia y Ucrania


Jairo David Chilín Ramírez

Siempre que me toca repasar todo lo que fue "La Guerra Fría" me resulta increíble pensar en como hace unas pocas décadas existía un mundo completamente diferente al que me tocó vivir, en como países tan grandes e importantes en la dinámica internacional como la Unión Soviética o la Alemania Oriental son ahora simples recuerdos de una época anterior. Sin embargo, con el tiempo descubrí que esos colosos extintos siguen teniendo una gran importancia al día de hoy, sobre todo en cuestiones que atañen a los que podríamos considerar su descendencia espiritual. 

Entre todos los conflictos sucedidos tras la caída de la URSS el que siempre llamó mi atención fue el de la Federación Rusa y la República de Ucrania, dos naciones con un vínculo cultural e histórico tan fuerte cuyos gobiernos no podrían estar en peores condiciones en lo que refiere a sus relaciones diplomáticas. Desde la invasión de Crimea en 2014 hasta la reciente invasión a toda la zona oriental de la nación ucraniana por parte de Rusia, ha sido un tema que considero no se le da el foco adecuado. Siempre se trata a Rusia como una nación malvada, como un país que únicamente busca el cumplimiento de sus objetivos sin importar a quién dañe en el proceso. En primer lugar, esta crítica por parte de naciones como Estados Unidos o Reino Unido se me hace sumamente hipócrita, pero en segundo y más importante, creo que el error yace en considerar a Rusia en su conjunto como el problema, y no al hombre al frente de su gobierno.

Putin siempre me ha parecido una figura desagradable, pero muy interesante. Llegar a la cima de cualquier esquema social y lograr mantenerse ahí siempre me generará admiración, sobre todo si hablamos de un país tan extenso y difícil como Rusia, pero mi admiración por él no es más grande que mi desprecio por el destino al que ha decidido encaminar a Rusia por sus pretensiones nacionalistas. Considero que el imperialismo en todas sus formas debe ser erradicado en función de una mejor y más benéfica sociedad internacional, puesto la cooperación efectiva entre las naciones es imposible de alcanzar en tanto existan entidades que sometan a otros a su dominio.

Putin es el claro ejemplo de como lo que podría ser una oportunidad para empezar el desarrollo de un régimen democrático luego de décadas de autoritarismo también es la oportunidad para que cualquier oportunista establezca su propio régimen despótico. 

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